Los gobiernos pueden crear
incentivos financieros para promover la eficiencia energética.
Estos pueden estar dirigidos a los consumidores o a los
fabricantes, y se logra normalmente a través de impuestos y / o
subvenciones.
Los incentivos para los consumidores incluyen, por ejemplo, la
reducción de impuestos sobre las ventas de productos
energéticamente más eficientes, o préstamos y subvenciones para el
aislamiento de las casas. Los gobiernos también pueden ofrecer
incentivos a las empresas mediante la subvención de la
investigación y el desarrollo de más productos y servivios
eficientes energéticamente.
Aunque los subsidios y los impuestos pueden tener un impacto
positivo sobre la eficiencia energética, también pueden tener
consecuencias negativas. Si se subvencionan asuntos incorrectos
puede aumentar el consumo de energía, y la mala aplicación o
eliminación de los subsidios puede tener un impacto económico
negativo sobre los consumidores.